Es una condición que usualmente se diagnostica 3 meses después del inicio de la enfermedad por COVID-19, dura al menos 2 meses y los síntomas no pueden ser explicados por un diagnóstico alternativo.

Los síntomas pueden ser diferentes a los experimentados durante un episodio de COVID-19 agudo o persistir desde la enfermedad inicial. Los síntomas también pueden cambiar o reaparecer con el tiempo.

Cualquier persona con antecedentes de infección por COVID-19, está en riesgo de padecerla. Se observa más en las mujeres, en las personas que en general tenían malas condiciones de salud y/o de salud mental antes de contraer COVID-19, y personas que padecen asma, obesidad, fuman, o vapean.

Provoca una amplia gama de síntomas, de generales a graves, que afectan a muchos órganos, como el corazón, los pulmones y el cerebro.

Los síntomas reportados más comunes son: Cansancio, dolor de garganta, tos, dolor de cabeza, dolor de pecho, dificultad para respirar, dificultad para dormir y/o concentrarse, ansiedad o depresión, dolor muscular o en articulaciones.

El tratamiento depende de sus signos y síntomas. Conversa con tu especialista de confianza sobre los síntomas y pregunta cómo puedes manejarlos en casa. Es posible que requieras rehabilitación, modificaciones en tu rutina en el hogar, o atención especializada para las complicaciones menos severas.

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