“Me inyecté biopolímeros en las nalgas para complacer a mi pareja y llevo años sufriendo unos dolores insoportables».

A Yadira Pérez le vaciaron las nalgas.

Cuando muestra la foto del tejido que le extrajo el cirujano hace cuatro meses, apunta a unas esferas amarillas y viscosas.

“Esas pelotitas son los biopolímeros”, dice la fotógrafa venezolana de 43 años, como si ese cúmulo de tejido y sangre seca no fuera suyo.

“Algunas de esas pelotitas llegaron a incrustarse en el músculo de mi glúteo derecho y me producían un dolor insoportable”.

Yadira pagó para que le inyectaran biopolímeros en las nalgas cuando tenía 26 años. Aunque se consideraba una mujer bonita y con buena figura, su novio de entonces estaba obsesionado con la idea de que tuviera el “culo grande” y ella quiso complacerlo.

Cuando tuvo la primera menstruación después de inyectarse los biopolímeros, sus nalgas se pusieron rojas, duras y calientes. No podía sentarse ni acostarse.

Desde entonces, cada vez que le llegaba la regla tenía los mismos síntomas.

Durante los 16 años que han transcurrido desde que se inyectó los implantes, Yadira se sometió a dos liposucciones láser y una cirugía para extraerlos.

En el último procedimiento decidió fotografiarse a sí misma para documentar el tratamiento y la recuperación, mientras pedía un préstamo para pagar la cirugía y los medicamentos en Miami, la ciudad de Florida (EE.UU.) en la que vive desde hace dos años.

Con informaición de BBC Mundo

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