Con un roster jóven casi en su totalidad, buen béisbol y sólida ofensiva el conjunto indígena sorprendió a muchos dos décadas atrás donde llegaron a la última instancia.




Para muchos conocedores de la pelota la temporada 2003/2004 de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional ha sido una de las mejores en su historia de 78 años. Por el nivel de jugadores que participaron, tanto nacionales como foráneos, y, claro está, la competición, pareja, de pronósticos reservados y emocionante hasta la última fecha.
Aquella campaña vendría con la misión de aclarar muchos asuntos que quedaron pendientes en la suspendida 2002/2003, en especial si Tigres de Aragua, Leones del Caracas, Tiburones de La Guaira y Navegantes del Magallanes iban a continuar demostrando su favoritismo como lo hicieron previo y durante esa no culminada zafra. Sobre todo el conjunto bengalí, que venía exhibiendo un ritmo demoledor (28-11).
Sin embargo, un equipo, que, prácticamente, no estaba en los papeles, apareció con una sorpresiva efervescencia en cuanto al nivel exhibido que dió mucho de qué hablar durante esa campaña: Caribes de Oriente. Los aborígenes portocruzanos iban dando importantes pasos desde finales de los noventa, contaba con cuatro presencias en postemporada y dos campeonatos de división, pero nada más. En aquella accidentada temporada su récord no era del todo bueno (18-24), por ello antes de comenzar el certamen 2003/2004 nadie se atrevió a colocarlos como uno de los equipos a batir.
«No éramos ni de cerca los favoritos», indicó Pablo Ruggeri, ese ése entonces vicepresidente de la organización aborigen. «Se hablaba de Leones, Magallanes, Tiburones y Tigres como los grandes favoritos y probables finalistas, pero de Caribes nada, todo eso iba a cambiar después ¡Y de qué manera!», dijo el ex directivo.
En el roster de Caribes figuraban peloteros rendidores en la LVBP como Lino Connell, Elio Serrano, Argenis Conde, Renny Duarte, Johnny Carvajal, Luis Rodríguez, Fernando Lunar, los jóvenes Fernando Nieve, Alberto Callaspo, Renyel Pinto junto con Luis González, Omar Infante y Eliézer Alfonzo. Estos tres últimos serían los autores intelectuales de la gran campaña que tendrían los indígenas por aquellos días.
«Ese trío hizo grandes cosas, de no haber sido por ellos no sé qué hubiese sucedido, esa temporada fueron completamente de ellos, en todos los aspectos, y gracias a su esfuerzo el equipo no sólo fue uno de los mejores sino que llegó a la final, para sorpresa de muchos», relató Ruggeri.
El demoledor ritmo ofensivo de Infante, Alfonzo y González se hizo sentir desde el inicio de ésa temporada. Un colosal récord de 11-3 dejado en octubre por los aborígenes fue un buen presagio para lo que iba a continuar en los restantes meses de campaña dónde Caribes, prácticamente, nunca dejó el primer lugar para así alcanzar su tercer título de división con una de sus mejores marcas (33-29), todo ello gracias al aporte del trío criollo que figuró en todos los departamentos de aquella ronda eliminatoria.
Pero los que dieron de qué hablar fueron Alfonzo y González quiénes se convirtieron en la primera pareja criolla en sumar más de 50 carreras impulsadas en una misma temporada. Ésas que llevaron a Caribes a un sitial donde nadie les aseguró a principios de aquél certamen.
«Fue una gran campaña, me sentí bien desde el primer día y siempre estuve constante, eso fue clave, así también se sintió Eliézer (Alfonzo), Omar (Infante) y el resto de los muchachos, quienes hicieron un gran trabajo. La constancia nos llevó hacia la Gran Final y todavía me siento orgulloso de haber estado allí, así no hayamos conseguido el título, pues fue grandioso lo que hicimos y más aún porque no nos tenían en consideración», mencionó González, actualmente retirado de la actividad beisbolística.




Aquél primer pase
Un 18 de enero de 2004 Caribes logró el boleto a su primera final en la pelota venezolana al imponerse por pizarra de 5-3 a Leones en el estadio Universitario. Y lo logró tal como lo hizo en la ronda regular, con una demoledora ofensiva que descargó 26 cuadrangulares y trajo a la goma más de cien rayitas, también ganando juegos claves cómo aquél ante Pastora de Los Llanos por margen de 14-11, el cuál perdían 11-6 y remontaron en el noveno inning. Seis de esos batazos de cuatro esquinas fueron de Alfonzo, tres de González y dos de Infante quienes, además, remolcaron más de diez carreras en la postemporada. Nuevamente demostraron ser el factor clave de unos aborígenes que amenazaban por conseguir más que la llegada a la instancia decisiva, esa que iban a disputar ante Tigres, quiénes, coincidencialmente, había sellado su presencia en la Gran Final ése mismo día.
«Era un buen equipo», recordó Jean Carlos Toledo, único miembro activo de aquél roster indígena. «Jugamos muy bien de principio a fin, hicimos grandes cosas, ganamos muchos juegos, especialmente los importantes. Todos contribuyeron y lo logramos, fue increíble, de verdad, todavía me emociono al recordar esa temporada», manifestó el relevista.
El 23 de enero de 2004 comenzó la primera aventura de Caribes en una Gran Final de la LVBP, la primera inédita del certamen desde la competición 1987/1988, ésa que protagonizaron Leones y, casualmente, Tigres. La ofensiva indígena no defraudó, tal como lo hicieron en la regular y postemporada, liderados por Alfonzo, González e Infante, además de Robert Pérez, tomado como refuerzo, y Magglio Ordóñez, quién se unió a los otrora «pieles verdes» en aquellos playoffs. Ocho jonrones sacudieron los portocruzanos, no obstante, el pitcheo no fue el mejor (3.98) y en seis parejos y emocionantes encuentros, el último de ellos decididos con par de vuelabardas de un jóven José Miguel Cabrera, el título fue a parar en las vitrinas de los aragüeños. El sueño de los anzoatiguenses llegó hasta allí.
«Nos faltó suerte, también un poco de experiencia, con eso de nuestro lado tal vez la historia hubiese sido otra. Igual me siento orgulloso por haber llevado al equipo hasta la Gran Final, demostramos que estábamos listos para grandes cosas y así fué», manifestó Alfonzo, quién hoy en día figura como coach en el equipo aborigen.
«Desde aquella final Caribes demostró que está para grandes cosas y todavía lo sigue demostrando, no me extraña lo que han alcanzado todos estos años pues es un equipo aguerrido, difícil de vencer. Y, por lo que he visto, ese equipo seguirá ganando y siendo uno de los mejores del béisbol venezolano”, indicó Alex Delgado, quién fue figura de Tigres en aquella instancia decisiva.
Esa final marcó el principio de la dinastía de Tigres, quién en la década de 2000 se alzó con cinco títulos. Pero también fue el inicio de cosas buenas para Caribes, que a partir de ese entonces comenzó a ser un invitado casi perenne en las venideras postemporadas para luego alcanzar el primero de sus cuatro campeonatos en el certamen 2010/2011 y así dejar su huella en la historia de la pelota venezolana tras un amargo primer intento ocurrido hace 20 años.
Otroras figuras, directivos, coaches y, por supuesto, los fanáticos de la novena indígena definen aquella campaña como especial e inolvidable pues, como bien afirmaron, así comenzó todo para un equipo que nunca dejó de intentar dar ese gran paso hacia la historia.
Escrito por Eduardo Acosta
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