El ritmo acelerado de la vida moderna instauró cambios significativos en los patrones alimenticios de algunas personas, y uno de los más notables es el retraso en las comidas, particularmente en el desayuno y la cena.

Tanto desayunar tarde como cenar tarde pueden influir negativamente en la salud general. Estos hábitos pueden desregular el metabolismo, afectar la calidad del sueño, contribuir al aumento de peso y generar problemas digestivos a largo plazo.
En este marco, un estudio realizado por un equipo del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) tuvo como conclusión que la hora a la que comemos podría influir en nuestro riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.
Con información de ABC







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