Un nuevo estudio realizado por la Universidad de Aalto ha desvelado un secreto milenario: el amor nace en el cerebro, no en el corazón. Así lo revela una investigación publicada en la revista Cerebral Cortex, que ha analizado las imágenes cerebrales de 55 adultos mientras pensaban en diferentes tipos de amor.

Los resultados son sorprendentes. Según el estudio, cada tipo de amor activa una red neuronal específica. El amor hacia los hijos, por ejemplo, genera una mayor actividad en áreas relacionadas con la empatía y la protección. El amor de pareja, por su parte, se asocia con la recompensa y la motivación. Y el amor hacia los amigos activa regiones vinculadas a la cognición social y la cooperación.

Esta investigación no solo desmitifica la idea romántica del amor como una emoción que nace en el corazón, sino que también abre nuevas vías para comprender los mecanismos neuronales que subyacen a las relaciones humanas. Los hallazgos podrían tener implicaciones importantes en el tratamiento de trastornos afectivos y en el desarrollo de terapias basadas en la estimulación cerebral.

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