El consumo de pornografía entre niños y adolescentes está generando una creciente preocupación entre expertos. Según el Colegio Oficial de Psicología de Madrid y la Agencia Española de Protección de Datos, esta práctica puede tener consecuencias graves, desde problemas de aprendizaje y aislamiento social hasta la normalización de conductas sexuales violentas.

«La pornografía, lejos de ser una fuente de educación sexual, fomenta la desinformación y distorsiona la percepción de las relaciones», alerta la institución. Estudios recientes demuestran que el consumo de estos contenidos está relacionado con un aumento de los estereotipos de género, la violencia sexual y el abuso en las relaciones de pareja. Además, los adolescentes que consumen pornografía de manera habitual son más propensos a mantener relaciones sexuales sin protección y bajo la influencia de sustancias.

Pero los riesgos van más allá de la salud sexual. La pornografía también supone una amenaza para la privacidad de los menores, ya que los datos personales recolectados durante su navegación pueden ser utilizados para fines ilícitos. «La pornografía se convierte en una herramienta para localizar, manipular y explotar a los niños», advierte el colegio.

Por último, los expertos señalan que el consumo excesivo de pornografía puede generar adicción y tener un impacto negativo en el desarrollo cerebral, afectando áreas relacionadas con el control de los impulsos y la toma de decisiones. «La pornografía daña la autoestima sexual y dificulta el desarrollo de relaciones íntimas y satisfactorias en la edad adulta», concluyen los investigadores.

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