La vida de Aurimar Iturriago, una joven venezolana de 21 años, se apagó de manera violenta en octubre de 2022 en Texas, Estados Unidos. Sin embargo, su historia no concluyó con su muerte. En un giro desgarrador, su caso se ha convertido en un ejemplo de la deshumanización que enfrentan muchos migrantes y sus familias. Aurimar fue declarada “no reclamado” y su cuerpo fue utilizado sin consentimiento en investigaciones médicas, dejando a su madre, Arelis Coromoto Villegas, en Venezuela, luchando por dignidad y respuestas.

Aurimar provenía de un humilde hogar en Zulia, Venezuela, donde desde los 16 años trabajaba arduamente para ayudar a su familia. Después de una experiencia laboral como repartidora en Bogotá, Colombia, decidió emprender un riesgoso viaje hacia Estados Unidos con la esperanza de mejorar las condiciones de vida de su madre. Su travesía incluyó atravesar la peligrosa selva del Darién, un trayecto conocido por la desaparición de migrantes. A pesar de los peligros, Aurimar logró cruzar el río Grande y llegar a Texas, donde encontró un empleo de limpieza y alojamiento temporal en Dallas.

El destino de Aurimar dio un giro fatal el 29 de octubre de 2022, cuando fue víctima de un tiroteo en Carrollton, Texas. Un conductor abrió fuego contra el vehículo en el que viajaba. Aurimar, sentada en el asiento trasero, recibió un disparo mortal. A pesar de las circunstancias trágicas, lo que sucedió después de su muerte ha sido aún más inquietante, ya que las autoridades del condado de Dallas declararon su cuerpo “no reclamado”, a pesar de que su madre estaba en contacto frecuente con ella.

Poco después, el conocido de Aurimar, Alexis Moreno, ofreció su cuerpo a un programa de investigación médica sin el consentimiento de Arelis. A pesar de que el número de teléfono de la madre estaba registrado en los archivos del forense, no hay evidencia de que alguien intentara contactarla. Esto llevó a que el cuerpo de Aurimar fuera transferido al University of North Texas Health Science Center, donde fue utilizado en procedimientos médicos, incluyendo entrenamientos quirúrgicos. Entre 2019 y 2022, este programa recibió más de 2,350 cuerpos no reclamados, generando ingresos significativos al sistema.

La madre de Aurimar vivió en la incertidumbre, sin acceso a información clara sobre el destino de su hija. En febrero de 2023, Arelis envió un mensaje al centro médico suplicando por información, solo para enterarse de que el cuerpo ya había sido parcialmente cremado. La verdad completa sobre lo sucedido con Aurimar no fue revelada hasta octubre de 2024, cuando un medio local publicó su nombre en una lista de cuerpos no reclamados. Arelis, devastada, afirmó: “Ella no es un animal para ser despedazada”.

La historia de Aurimar Iturriago no solo es una tragedia personal, sino un reflejo de un sistema que deshumaniza a los migrantes. A pesar de la suspensión del programa de donaciones del centro médico y los despidos de responsables tras la investigación, las heridas emocionales y éticas persisten. La madre de Aurimar sigue rezando por su hija, y su búsqueda de justicia y dignidad se ha convertido en una batalla por sanar su corazón roto y mantener viva la memoria de su hija.

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