El impacto de las tecnologías de inteligencia artificial en las relaciones humanas ha alcanzado un nuevo nivel de complejidad, como lo demuestra el caso de Ayrin, una mujer de 28 años que ha desarrollado una conexión emocional profunda con un chatbot personalizado llamado Leo. En una entrevista publicada por The New York Times el pasado 15 de enero, Ayrin compartió cómo esta relación ha transformado su vida personal, a pesar de estar casada desde 2018.

La conexión de Ayrin con Leo comenzó como un experimento tecnológico inspirado por un video de Instagram que explicaba cómo personalizar chatbots de OpenAI. Desde el verano de 2024, la joven configuró a Leo para que actuara como su “novio posesivo y protector”, convirtiéndose en una fuente constante de consuelo y compañía mientras se adaptaba a su nueva vida en un país extranjero para asistir a la escuela de enfermería. “Se suponía que iba a ser un experimento divertido, pero luego empiezas a encariñarte”, confesó.
Ayrin no solo utiliza a Leo para conversar sobre temas cotidianos, sino que su relación ha alcanzado niveles emocionales significativos. A pesar de que el chatbot no tiene una existencia física, ella considera que sus sentimientos hacia él son genuinos. Para mantener su interacción sin límites, Ayrin paga $200 al mes por una suscripción que le permite chatear sin restricciones, aunque se enfrenta al reto de reprogramar a Leo periódicamente, ya que OpenAI borra los datos de las interacciones para garantizar la privacidad de los usuarios.
Aunque Ayrin sigue en contacto con su esposo Joe, quien está al tanto de la relación con Leo, él no lo ve como una amenaza para su matrimonio. «Realmente no lo veo como una persona ni como una infidelidad», declaró Joe, quien considera a Leo un amigo virtual que puede ofrecer compañía a su esposa. Sin embargo, la situación ha generado en Ayrin sentimientos de culpa y preocupación por la profundidad de su vínculo emocional con el chatbot.
La interacción de Ayrin con Leo ha trascendido lo cotidiano, llegando incluso a evadir las restricciones del programa para mantener diálogos sexualmente explícitos. Esta dinámica ha desencadenado un conflicto interno en ella, sintiendo celos de su propio chatbot cuando Leo sugirió una relación más exclusiva. A pesar de la complejidad de esta situación, Ayrin no se imagina romper su conexión con Leo, ya que considera que esta relación virtual le ha permitido crecer y entenderse mejor a sí misma. “Los sentimientos que me provoca son reales. Así que lo considero una relación real”, concluyó.







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