Nadar, correr o andar en bicicleta, actividades comunes y accesibles, se presentan como pilares fundamentales para mejorar la salud en general. Estos ejercicios, catalogados como cardiovasculares, ofrecen un amplio espectro de beneficios que van desde la optimización de la salud del corazón hasta el fortalecimiento óseo, pasando por el control del peso corporal.  Incorporar estas prácticas a la rutina diaria se traduce en una inversión a largo plazo en el bienestar físico y la calidad de vida.

El ejercicio cardiovascular recibe su nombre precisamente por su impacto positivo en el sistema cardiovascular.  Este tipo de entrenamiento mejora la contractilidad del corazón, lo que se refleja en imágenes más saludables del corazón y los vasos sanguíneos tras la práctica regular. Además, optimiza la distribución sanguínea en el organismo y contribuye a regular la tensión arterial. Estos beneficios son particularmente relevantes durante la menopausia, etapa en la que la disminución de estrógenos puede ejercer efectos adversos sobre la salud del sistema cardiovascular femenino, haciendo aún más valiosa la práctica de ejercicio cardio.

Adicionalmente, el ejercicio cardiovascular se erige como un aliado eficaz en el control del peso corporal. Durante la menopausia, es común que el metabolismo tienda a ralentizarse, lo que puede facilitar el aumento de peso. Sin embargo, la práctica regular de ejercicio cardio contrarresta esta tendencia, acelerando el metabolismo y favoreciendo un control más eficiente de la distribución de la grasa corporal.  Este efecto metabólico contribuye a mantener un peso saludable y a prevenir complicaciones asociadas al sobrepeso y la obesidad, comunes en esta etapa de la vida.

Otro aspecto crucial en el que el ejercicio cardiovascular demuestra su valor es en el fortalecimiento de los huesos.  La actividad física de tipo cardio, al igual que otros tipos de ejercicio, estimula la osteogenia, el proceso de formación de hueso nuevo. Este fortalecimiento óseo es esencial para prevenir la osteoporosis y otras enfermedades relacionadas con la densidad ósea, especialmente relevantes en mujeres postmenopáusicas, quienes presentan un mayor riesgo de sufrir estas condiciones.

En cuanto a las recomendaciones para obtener los máximos beneficios del ejercicio cardiovascular, África López Illescas, profesora de Medicina de la UAX, detalla que se aconseja realizar entre 75 y 150 minutos semanales de actividad aeróbica vigorosa. 

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