En un contexto donde ciencia y fe a menudo parecen estar en desacuerdo, la conmovedora historia de Yaxury Solórzano surge como un testimonio de su posible coexistencia y complementación. Esta niña guariqueña, quien sobrevivió a una grave herida en la cabeza, se convierte en un símbolo de fe y esperanza en Venezuela. Su caso, protagonizado por el neurocirujano Alexander Krinitzky, ahora director del Hospital Central de San Cristóbal, ha resonado con fuerza al ser vinculado con la reciente canonización de José Gregorio Hernández, conocido como el «Médico de los Pobres».

La odisea de Yaxury comenzó en 2017, cuando un trágico incidente con un arma de fuego la dejó con una herida devastadora en la región occipital de su cabeza. Tras un complicado traslado desde su hogar en el estado Guárico, llegó al Hospital Pablo Acosta Ortiz en San Fernando de Apure en estado crítico. El Dr. Krinitzky, quien formó parte del equipo médico, recordó que las posibilidades de sobrevivencia eran mínimas y las secuelas neurológicas, casi inevitables. Sin embargo, lo que sucedió diez días después desafió toda lógica médica.

Sorprendentemente, Yaxury apareció caminando en la consulta del Dr. Krinitzky, sin secuelas visibles. «Fue un shock», comentó el neurocirujano. «Desde el punto de vista científico, no había explicación. Era un caso inexplicable». A pesar de su incredulidad inicial, el relato de la madre de Yaxury sobre su devoción a José Gregorio Hernández y su creencia en su intercesión durante la cirugía sembró la semilla de una conexión espiritual que transformaría la narrativa.

La historia del milagro de Yaxury llegó al Vaticano y se convirtió en un elemento clave en el proceso de beatificación de Hernández. El Dr. Krinitzky recordó cómo, tras compartir su experiencia con el padre Numa Molina, se enteró de que la madre de Yaxury había pedido la intercesión del médico santo. Esta revelación llevó a que el caso fuera considerado un milagro, lo que culminó con la esperada canonización de José Gregorio Hernández, un acontecimiento celebrado por muchos en Venezuela.

El Dr. Krinitzky, quien ve a Hernández ahora como un «amigo» y «compañero» en su labor médica, enfatiza la importancia de nunca perder la esperanza en la medicina. «Siempre hay que dar lo mejor de nosotros por nuestros pacientes», afirma. La historia de Yaxury no solo resalta la capacidad de la ciencia para enfrentar lo inexplicable, sino que también muestra cómo la fe puede jugar un papel crucial en las circunstancias más desafiantes, uniendo así dos mundos que a menudo parecen divergentes.

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