Al menos 750 koalas han sido sacrificados en lo que va del mes de abril en el Parque Nacional Budj Bim, en el estado australiano de Victoria. La drástica medida fue ordenada por el gobierno local como consecuencia de un incendio que afectó gravemente a la población de marsupiales, dejándolos con quemaduras severas, en estado de inanición y sufriendo deshidratación.

La primera ministra de Victoria, Jacinta Allan, defendió la decisión asegurando que se tomó después de realizar varias evaluaciones sobre el estado de los animales y las dificultades para acceder a ellos. Según detalló a Sky News, se destinaron francotiradores en helicópteros para llevar a cabo el sacrificio, calificando la acción como «dolorosa, pero necesaria» y «lo más humano que se podía hacer» ante la imposibilidad de un rescate seguro y a tiempo. El Departamento de Energía, Medio Ambiente y Clima australiano respaldó la operación, confirmando el grave sufrimiento de los koalas.
No obstante, la medida ha generado una fuerte controversia y el rechazo de activistas y defensores de la vida silvestre. Jess Robertson, presidente de Koala Alliance, una organización dedicada a la protección de estos animales, cuestionó la metodología empleada. «No hay forma de saber si un koala está en malas condiciones desde un helicóptero», declaró Robertson a medios locales, poniendo en duda la certeza de las evaluaciones realizadas a distancia.
Sumándose a las críticas, el diputado del Partido de Justicia Animal, Georgie Purcell, expresó su profunda preocupación por el destino de las crías que podrían haber estado en las bolsas de las hembras sacrificadas. Purcell señaló al Herald Sun la falta de protocolos para verificar la presencia de crías antes de proceder con los disparos desde el aire, lo que podría haber dejado a pequeños koalas desamparados en medio de la operación.







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