Juan Pablo Escobar, hijo del infame narcotraficante Pablo Escobar, ha revelado detalles íntimos de su infancia en una reciente entrevista, ofreciendo una perspectiva única sobre su vida bajo la sombra de uno de los criminales más notorios de la historia. Un punto central de su relato es su percepción de la Hacienda Nápoles, el opulento complejo familiar, la cual, en su inocencia infantil, creía que “les iba a durar toda la vida”.

La Hacienda Nápoles no era una propiedad común; se extendía por 3 mil hectáreas y contaba con instalaciones que desafiaban la imaginación. Incluía su propio aeropuerto y helipuerto, un zoológico con cientos de animales exóticos, un parque jurásico, un parque acuático, 27 lagos artificiales, más de 100 mil árboles frutales, canchas de fútbol y tenis, más de 10 casas y más de 700 empleados. Para un niño, era, sin duda, un paraíso terrenal.
Escobar confesó que, en su ingenuidad, creyó la “vida de fantasía” que su padre le presentaba. Pensaba que Pablo Escobar era “el hombre más rico del mundo”, una creencia que contrasta fuertemente con su reflexión actual: que su padre era, en realidad, “el más pobre, porque solo estaba lleno de dinero”. Esta analogía resalta una profunda verdad: el dinero, por sí solo, no garantiza la paz ni la felicidad para disfrutarlo.







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