Gabi Matos, con la ternura de una madre, cambia el pañal de Ravi mientras le habla en tono dulce. Sin embargo, Ravi no llora ni se mueve; es un «bebé reborn», uno de esos muñecos hiperrealistas que han desatado una notable tormenta mediática, social y hasta legislativa en Brasil. Estos muñecos, creados artesanalmente con silicona o vinilo, exhiben un asombroso nivel de detalle que incluye venitas, lágrimas y saliva. Algunos modelos avanzados incluso simulan funciones como mamar y hacer pipí, lo que los hace casi indistinguibles de un bebé real a primera vista.








El concepto de los «bebés reborn» se originó en Estados Unidos a principios de la década de 1990, cuando artistas comenzaron a modificar muñecas de vinilo para hacerlas lucir lo más real posible. La tendencia rápidamente ganó adeptos, y hoy en día, el arte de crear un «reborn» puede tomar semanas, incluso meses, de trabajo meticuloso. En Brasil, el éxito de estos muñecos ha crecido exponencialmente en los últimos años, impulsado en parte por su difusión en redes sociales y la creciente demanda de piezas únicas.
A nivel global, el mercado de los «bebés reborn» ha experimentado un crecimiento significativo. De acuerdo con un informe de Market Report Analytics, se estima que el mercado movió 200 millones de dólares en 2024. Esta cifra refleja no solo el interés de coleccionistas y aficionados, sino también el uso terapéutico que algunas personas le dan a estos muñecos, como herramienta para afrontar el duelo por la pérdida de un hijo, combatir la soledad o incluso como práctica para futuros padres.
Sin embargo, el realismo de estos muñecos no ha estado exento de controversia. En Brasil, el debate se ha centrado en aspectos éticos y psicológicos, especialmente en torno a la línea difusa entre el realismo y la perturbación. Algunas críticas se refieren a la posibilidad de que estos muñecos puedan alimentar fantasías o dificultar el proceso de aceptación de la realidad en ciertos contextos. Además, su precio, que puede alcanzar miles de dólares, también ha generado discusiones sobre el acceso y la percepción de valor.
A pesar de las controversias, los «bebés reborn» continúan ganando popularidad, y el fenómeno parece lejos de desvanecerse. La combinación de arte, tecnología y la profunda conexión emocional que muchos usuarios desarrollan con estos muñecos asegura que seguirán siendo un tema de conversación y un punto de interés tanto para coleccionistas como para la sociedad en general.







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