En el corazón de San Juan, el aroma a pan recién horneado se mezcla con un ingrediente aún más poderoso: la esperanza. La panadería “Santa Josefina” ha abierto sus puertas no solo para ofrecer delicias, sino para encender una luz de inclusión y dignidad. Este innovador proyecto se ha convertido en la primera cooperativa de trabajo de la provincia integrada por personas neurodivergentes y sus padres, demostrando que cuando la comunidad se une, los sueños se amasan y se hacen realidad.

Los verdaderos protagonistas de esta inspiradora historia son seis jóvenes excepcionales: Santiago Aguilera, Santiago Molina, Santiago Mira, José Eduardo Tejada, Juan Diego Tejada y Martín Massi. Para ellos, “Santa Josefina” representa su primer empleo formal, una oportunidad invaluable para demostrar su talento y compromiso. Día a día, con sonrisas que contagian, atienden al público, organizan el local y aprenden las rutinas de un trabajo digno, sintiéndose orgullosos y valorados por su aporte a la comunidad.

Este sueño no hubiera sido posible sin una red de afecto y colaboración. La iniciativa nació del esfuerzo conjunto de la Comisión de Justicia y Paz del Arzobispado, la Universidad Católica de Cuyo y el Ministerio de Familia y Desarrollo Humano. Cada pan, cada factura vendida, cuenta una historia de solidaridad: desde la cesión del local por parte de la universidad hasta el incansable apoyo de voluntarios y familias que creyeron en el proyecto desde el primer momento, construyendo un espacio que irradia calidez y propósito.

Cristina Casivar, madre y secretaria de la cooperativa, relata con emoción el impacto transformador en los jóvenes. “Se percibe en su crecimiento en habilidades sociales, en el orgullo con que visten sus uniformes y en la seguridad de sus miradas. Se sienten parte de algo importante”, expresa. Este sentimiento impulsa a la cooperativa a soñar en grande, con planes de producir sus propios productos y, en un futuro, abrir un café literario que continúe abriendo puertas a más jóvenes.

“Santa Josefina” es mucho más que una panadería; es un poderoso mensaje para toda la sociedad. Nos enseña que con apoyo, oportunidades y una mirada inclusiva, todos podemos desarrollar nuestro máximo potencial. La dedicación de estos jóvenes y sus familias es un faro que ilumina el camino hacia un futuro más justo y autónomo, recordándonos que el ingrediente secreto para una sociedad mejor es, sin duda, el amor y la convicción de que todos merecemos un lugar en el mundo.

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