En un mundo donde las noticias sobre el sistema de acogida suelen ser desalentadoras, la historia de Andrew, un niño de 12 años, brilla como un faro de esperanza y amistad. Tras pasar gran parte de su vida en el sistema de cuidado temporal, Andrew encontró un hogar para siempre de la manera más inesperada: fue adoptado por la familia de su mejor amigo, Joc. Lo que comenzó como una amistad forjada en videojuegos, golosinas y risas, se ha convertido en un lazo familiar inquebrantable, convirtiéndolos oficialmente en hermanos.









El vínculo entre Andrew y Joc se fortaleció a través de sus intereses compartidos, creando una conexión profunda y genuina que no pasó desapercibida para los padres de Joc, Dominique y Kevin Gill. La familia Gill, que ya había sido hogar de acogida para Andrew, reconoció que la amistad de los niños era la base para algo mucho más permanente. A pesar de los desafíos que la pandemia de COVID-19 y otros problemas sistémicos han impuesto sobre el sistema de acogida, dificultando las adopciones, la historia de Andrew y Joc es una conmovedora excepción.
El momento que cambió la vida de Andrew para siempre llegó como una sorpresa. Mientras se encontraba en un parque, fue recibido por la familia Gill y un grupo de amigos y familiares que sostenían globos y carteles. Fue allí donde le preguntaron si quería formar parte de su familia para siempre. Sin dudarlo un instante, un emocionado Andrew aceptó de inmediato, sellando su lugar en el corazón y el hogar de los Gill.
Hoy, Andrew y Joc no solo comparten una habitación y su afición por los videojuegos, sino que con orgullo se presentan como «hermanos» y una «familia para siempre».







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