Una reciente investigación dirigida por la Universidad Médica de Taipéi, en Taiwán, ha revelado una posible y preocupante conexión entre el consumo de ciertos edulcorantes artificiales y el desarrollo de pubertad precoz en la niñez. Los hallazgos, presentados en la reunión anual de la Sociedad de Endocrinología en San Francisco, sugieren que esta asociación es particularmente fuerte en niños que ya poseen una predisposición genética a ciertas condiciones de salud, abriendo un nuevo frente en el debate sobre el uso de estos aditivos en productos dirigidos a menores.

El estudio, publicado en la revista científica Science Daily, identificó específicamente al aspartamo, la sucralosa y la glicirricina, además de los azúcares añadidos, como las sustancias cuyo consumo frecuente se asocia con un adelanto en el inicio de la pubertad. Los investigadores destacaron que el vínculo se magnifica en niños con un «riesgo poligénico», es decir, aquellos que por herencia de múltiples genes tienen una mayor propensión a desarrollar enfermedades como diabetes o afecciones cardíacas, lo que indica una compleja interacción entre la dieta y la genética.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo científico analizó los datos de 1.407 adolescentes que forman parte del Estudio Longitudinal Puberal de Taiwán, iniciado en 2018. Dentro de este grupo, 481 participantes fueron diagnosticados con pubertad precoz. La metodología incluyó la aplicación de cuestionarios sobre hábitos alimenticios, análisis de orina para medir la ingesta de edulcorantes, así como exámenes de sangre, mediciones hormonales y ecografías para determinar la susceptibilidad genética de cada individuo.

Los autores de la investigación subrayaron la importancia de estos resultados, al ser uno de los primeros estudios en establecer un nexo directo entre el consumo de edulcorantes, los factores genéticos y el adelanto puberal. Esta condición no solo puede generar malestar emocional en los niños y niñas afectados y resultar en una estatura final inferior a la esperada, sino que también eleva el riesgo de desarrollar trastornos metabólicos y reproductivos significativos en la vida adulta, lo que llama a una mayor conciencia sobre los ingredientes en la alimentación infantil.

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