En una sentencia sin precedentes que marca un hito en la lucha contra la crueldad animal, Vincent Lemark Burrell, de 57 años, fue condenado a 475 años de prisión en el condado de Paulding, Georgia. El veredicto fue dictado tras ser hallado culpable de 93 cargos de peleas de perros y 10 cargos de crueldad animal, en uno de los casos más escalofriantes de maltrato de este tipo en la historia de Estados Unidos. La condena, considerada la más larga jamás impuesta por estos delitos en el país, refleja la gravedad de los actos cometidos y sienta un precedente ejemplar.




El horror fue descubierto en noviembre de 2022, gracias a la alerta de un repartidor de Amazon que, mientras realizaba una entrega, observó a varios perros encadenados en condiciones deplorables en la propiedad de Burrell y decidió notificar a las autoridades. La posterior investigación policial desveló una escena dantesca: 107 pitbulls, muchos de ellos desnutridos y sin acceso a agua ni refugio, se encontraban atados con pesadas cadenas tanto en el exterior como en el interior de la vivienda. La situación era tan insalubre, especialmente en el sótano, que los agentes necesitaron equipos de protección especiales para poder ingresar al lugar debido al fuerte olor a orina y heces.
Durante el registro de la propiedad, las autoridades no solo rescataron a los animales, sino que también incautaron numeroso equipo utilizado para la organización de peleas de perros. Entre los objetos encontrados había cintas de correr para perros, una tarima de cría, y los denominados «break sticks», herramientas utilizadas para forzar la apertura de la mandíbula de los perros durante los combates. Además, se hallaron medicamentos veterinarios sin licencia y documentación que vinculaba a Burrell con una red más amplia de peleas de perros, confirmando que se trataba de una operación criminal organizada.
Los perros rescatados, que presentaban cicatrices de peleas y, en algunos casos, la falta de dientes, fueron puestos bajo el cuidado de organizaciones de rescate de animales, donde han comenzado su proceso de rehabilitación. La fiscalía destacó que la condena máxima impuesta a Burrell envía un mensaje contundente de que este tipo de actos de crueldad no serán tolerados. El caso subraya la importancia de la colaboración ciudadana para denunciar el maltrato animal y desmantelar redes criminales que operan en la clandestinidad, convirtiendo la vida de seres inocentes en un verdadero infierno.







Deja una respuesta