La sospecha que por años tuvieron muchos dueños de perros ha sido confirmada y ampliada por la ciencia: los canes no solo sienten celos, sino que esta emoción puede ser provocada incluso sin evidencia visual directa. Una reciente investigación de la Universidad de Auckland, publicada en la prestigiosa revista Psychological Science, aporta evidencia contundente de que los perros pueden imaginar una situación que amenaza su vínculo con su humano y reaccionar con lo que se interpreta como celos.

El equipo de investigadores, liderado por la científica Amalia Bastos, diseñó un experimento para observar cómo reaccionaban los perros cuando creían que su dueño estaba prestando atención a un rival. En la prueba, los perros mostraron un comportamiento celoso, como tirar con fuerza de su correa, cuando su dueño interactuaba con un perro falso muy realista. Lo más revelador del estudio es que esta reacción se mantenía incluso cuando una barrera visual les impedía ver la interacción, sugiriendo que los animales eran capaces de representar mentalmente la escena que les causaba malestar.
Estos hallazgos demuestran que la respuesta de los perros es selectiva y compleja. La reacción de celos no se producía cuando el dueño interactuaba con un objeto inanimado no social, como un cilindro de lana, lo que indica que los canes distinguen a un «rival» social de un simple objeto. Según los autores del estudio, este comportamiento sugiere que los perros, de forma similar a un niño pequeño, son capaces de interpretar una competencia por el afecto y de representar mentalmente interacciones sociales, demostrando una vida emocional interna más rica de lo que se había comprendido hasta ahora.







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