Una nueva y audaz tendencia está redefiniendo el paisaje de la moda urbana en ciudades como Nueva York y Atlanta. Hombres jóvenes, desafiando las convenciones de género, han comenzado a adoptar la falda como una prenda de uso diario. Este movimiento, que fusiona la sastrería tradicionalmente femenina con un estilo callejero y contemporáneo, no solo representa una declaración de moda, sino también un cuestionamiento a las normas sociales establecidas sobre la masculinidad y la vestimenta.






La irrupción de la falda en el armario masculino ha desatado un torbellino de opiniones en las redes sociales, especialmente en plataformas como X. Las publicaciones recientes muestran un espectro de reacciones que van desde el aplauso efusivo por la «libertad» y la «confianza» que proyecta, hasta críticas mordaces que cuestionan la masculinidad de quienes adoptan la prenda. Este debate digital se ha visto alimentado por la viralización de imágenes de celebridades e influencers que se suman a la tendencia, generando conversaciones que exploran los límites del género en la moda y la aceptación de nuevas formas de identidad.
Este fenómeno no es una creación espontánea de la calle, sino que ha sido impulsado por diseñadores de renombre como Thom Browne y Jean-Paul Gaultier, quienes desde hace tiempo han incluido faldas en sus colecciones masculinas. La visibilidad de la tendencia se ha visto catapultada por figuras de alto perfil como los actores Brad Pitt y Oscar Isaac, y el cantante Harry Styles, quienes han lucido faldas en eventos públicos y portadas de revistas. En la escena del hip-hop, el rapero de Atlanta, Young Thug, ha sido una figura clave, desafiando las normas del género en la industria musical al usar faldas y vestidos, consolidando a la ciudad como un epicentro de esta nueva ola de la moda masculina.







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