Consumir series de televisión en modo «maratón» o sumergirse en la lectura de un libro de forma intensiva podría tener beneficios inesperados para la salud mental. Una reciente investigación de la Universidad de Georgia (UGA), en Estados Unidos, sugiere que estas prácticas fomentan la creación de «mundos mentales» detallados que ayudan a las personas a sobrellevar situaciones de estrés de manera más efectiva. Los hallazgos, publicados en la revista científica Acta Psychologica, indican que la inmersión prolongada en una historia fortalece la capacidad de la mente para utilizar esa narrativa como un recurso para el bienestar emocional.

El estudio se centra en un concepto denominado «participación imaginativa retrospectiva» (RII, por sus siglas en inglés), que describe el proceso por el cual las personas continúan explorando y reconstruyendo una historia en su imaginación mucho después de haberla terminado. Según Joshua Baldwin, autor principal del estudio e investigador postdoctoral en la UGA, los «atracones» de contenido narrativo hacen que las historias sean más memorables. Esto permite a los espectadores o lectores conectar mejor los distintos hilos argumentales y personajes, formando una visión más coherente y amplia del relato, lo cual es un caldo de cultivo ideal para que la mente siga trabajando con ese material.
Los investigadores concluyeron que, si bien esta práctica a menudo es vista como una forma de ocio pasivo, en realidad puede ser una actividad cognitiva muy activa. Al construir estos mundos ficticios y volver a ellos mentalmente, las personas no solo ejercitan su imaginación, sino que también pueden encontrar un «refugio» mental o una forma de procesar sus propias emociones.






