La Fundación Casa del Abuelo, en el municipio Simón Bolívar de Barcelona, se ha consolidado como un espacio clave para la atención y el bienestar de la tercera edad, enfocándose en el «trato con mucho amor y pasión». Su presidenta, la Lcda. Durling Rico, quien lleva cuatro años en el cargo, destacó que la «magia» de la institución radica en la atención personalizada y en la capacidad de hacer que los asistentes se sientan en familia. Más allá del cuidado, la fundación se ha convertido en un centro para descubrir habilidades artísticas, logrando que los abuelos encuentren vocaciones en el teatro, el baile y las manualidades, demostrando que nunca es tarde para aprender.

Con una cobertura que alcanza entre 120 y 130 abuelos diariamente, la fundación atiende un estimado de 4,200 adultos mayores mensualmente. Rico, quien proviene del área administrativa de la salud, explicó que asumir la fundación requirió una preparación pedagógica para entender que «cinco minutos para ellos es prolongar su vida». El objetivo es transformar a quienes llegan, a menudo con resistencia o desánimo, brindándoles un propósito y un espacio para la creatividad y la socialización activa.
El testimonio de Ninoska Guaideli, de 82 años, ejemplifica el impacto del programa. Tras un año asistiendo, asegura que llegó sintiéndose «apagadita» y descubrió un «talento ocultísimo» para la pintura y las manualidades, habilidades que nunca antes había desarrollado. Como parte de los talleres de laborterapia, que fomentan la motricidad y la creatividad, los trabajos de los abuelos, como los de Ninoska, serán certificados este viernes por la alcaldía y próximamente serán expuestos y vendidos en una feria navideña en el centro de Barcelona.
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