La modelo mexicana Fátima Bosch se ha coronado como la absoluta ganadora de Miss Universo 2025, un triunfo histórico que ha despertado un gran interés internacional no solo por su belleza, sino por los detalles de su vida personal y los retos que ha superado. Recientemente, trascendió que la nueva soberana universal padece Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y dislexia, condiciones que, según reportes, la convirtieron en víctima de acoso escolar durante su infancia. Lejos de detenerla, estas experiencias forjaron su carácter, demostrando al mundo que es una digna representante de la resiliencia mexicana.

El TDAH, condición con la que vive Bosch, es definido por la Asociación Psiquiátrica Americana como un patrón persistente de inatención e hiperactividad que afecta el desarrollo y suele aparecer antes de los 12 años. Aunque es una condición que no tiene cura y se clasifica en diversos niveles de severidad, sus efectos son totalmente manejables con el apoyo médico y psicológico adecuado. El éxito de Fátima en el escenario más importante del mundo visibiliza esta neurodivergencia, probando que con el tratamiento y soporte correcto, las barreras educativas y sociales pueden derribarse para alcanzar metas extraordinarias.

Paradójicamente, Fátima confesó que el mundo de los certámenes de belleza no estaba en sus planes originales; durante su juventud se enfocó en sus estudios universitarios y en deportes como la equitación y el tenis. Fue hasta después de su graduación, y tras haber declinado una invitación inicial en 2019, que decidió acercarse a la organización para entender su nueva visión. Hoy, Fátima Bosch utiliza su plataforma no solo para portar la corona, sino para cumplir el objetivo que la motivó a participar: utilizar su voz para el empoderamiento femenino y servir de inspiración para quienes enfrentan adversidades similares a las suyas.

Tendencias