La historia de Adrián La Rosa es la de un joven que nació con un guante en la mano y un sueño claro en la mente. Este joven de 16 años, nacido en Barcelona pero forjado bajo el sol de Anaco, ha dado el paso más importante de su incipiente carrera al firmar oficialmente con los Mets de Nueva York, una de las organizaciones más emblemáticas de las Grandes Ligas.
Un camino que inició a los tres años

Para Adrián, el béisbol no es solo un deporte, es su vida. Comenzó a jugar a los 3 años y medio, dando sus primeros pasos en el diamante con la organización Franklin Luces en Puerto La Cruz. Desde niño, su entorno supo que Adrián no solo jugaba, sino que entendía el juego con una madurez inusual.
Posteriormente, de la mano de HR Academy en Anaco, pulió las herramientas que hoy lo convierten en uno de los receptores más destacados de la clase internacional 2026. Los scouts de los «Metropolitanos» quedaron cautivados por su:
Defensa sólida: Un manejo impecable detrás del plato.
Liderazgo natural: La capacidad de comandar el juego, esencial para un catcher.
Poder ofensivo: Un bate que promete traer muchas carreras a la Gran Manzana.
Bachiller y Prospecto: Disciplina de Hierro
Lo que hace más inspiradora la historia de Adrián es su equilibrio. A pesar de las exigencias de un prospecto de alto rendimiento, nunca descuidó sus estudios. Recientemente se graduó como Bachiller en el Colegio Nueva Granada, demostrando que la constancia y la organización permiten alcanzar metas académicas y deportivas simultáneamente.
Como hermano mayor, Adrián se convierte ahora en un modelo a seguir para su hermana pequeña y para toda la juventud de Anaco y el estado Anzoátegui.
Datos curiosos de nuestra nueva firma
El postre del éxito: Después de cada jornada de arduo entrenamiento, su recompensa favorita es una buena marquesa, su postre preferido.
Su firma es el resultado de un esfuerzo familiar colectivo. Hoy, sus padres y su hermana celebran este peldaño hacia la meta final: el debut en el Citi Field.
Con este contrato, Adrián La Rosa inicia su travesía en el sistema de granjas de los Mets, llevando consigo el orgullo de ser anzoatiguense y la disciplina de quien sabe que el trabajo duro es el único camino a la gloria.






