España se encuentra en estado de conmoción tras el grave accidente ferroviario ocurrido la tarde del pasado domingo 18 de enero cerca de Adamuz, Córdoba. El siniestro se produjo a las 19:45 horas cuando los últimos vagones de un tren de la operadora Iryo, que cubría la ruta Málaga-Madrid, descarrilaron e invadieron la vía contraria, impactando frontalmente contra un convoy de Renfe que viajaba desde la capital hacia Huelva. Hasta el momento, el Ministerio del Interior ha confirmado 39 víctimas mortales y 123 heridos, de los cuales cinco se encuentran en estado crítico, aunque las autoridades advierten que el balance de daños personales podría aumentar en las próximas horas.

La complejidad del terreno, una zona de difícil acceso, ha dificultado las labores de auxilio, obligando a la Cruz Roja y a la Unidad Militar de Emergencias (UME) a utilizar caminos de servicio para llegar al lugar del desastre. El ministro de Transportes, Óscar Puente, quien se desplazó a la zona para supervisar el despliegue del hospital de campaña, calificó el evento como «tremendamente extraño», señalando que tanto la infraestructura como los trenes involucrados eran prácticamente nuevos. Actualmente, todas las líneas de investigación permanecen abiertas para esclarecer por qué se produjo el descarrilamiento inicial en una de las rutas más modernas del país.
Ante la magnitud de la tragedia, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha suspendido su agenda oficial para acudir al lugar del siniestro, mientras que la Casa Real y diversos líderes europeos ya han expresado sus condolencias. Como medida inmediata, Adif ha anunciado la suspensión total del servicio de alta velocidad entre Madrid y varias ciudades andaluzas hasta nuevo aviso.





