Investigadores del Sleep and Circadian Neuroscience Institute de la Universidad de Oxford, liderados por el Dr. Paul Kelley, han señalado que obligar a los empleados a comenzar su jornada antes de las 10:00 a. m. es equivalente a una forma de «tortura» biológica. Según el estudio, los horarios laborales convencionales están en conflicto directo con el ritmo circadiano natural del ser humano, especialmente en adultos menores de 55 años. Esta desincronización entre el reloj interno y las obligaciones sociales genera una privación de sueño sistémica que afecta a la gran mayoría de la población activa.

Las consecuencias de ignorar estas necesidades biológicas van más allá del simple cansancio. La falta crónica de sueño derivada de entradas tempranas incrementa significativamente el estrés, la ansiedad y el riesgo de padecer burnout o agotamiento extremo. Además, la ciencia advierte que trabajar bajo esta presión cronobiológica reduce drásticamente la capacidad de concentración y el rendimiento cognitivo, elevando a largo plazo la probabilidad de desarrollar enfermedades crónicas cardiovasculares y metabólicas.

Ante esta evidencia, instituciones de referencia como el Instituto del Sueño coinciden en que es fundamental reformar las políticas de recursos humanos para alinear los horarios con la biología humana. Los expertos sostienen que retrasar la hora de inicio de la jornada no solo protege la salud física y mental de los trabajadores, sino que también se traduce en una mayor productividad y eficiencia para las empresas.

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