Este martes 27 de enero, el conservador Nasry Asfura asumió la presidencia de Honduras en una ceremonia austera celebrada en la sede del Congreso Nacional. Su llegada al poder marca el fin de cuatro años de gobierno de izquierda y consolida un giro estratégico hacia Washington bajo el respaldo directo de Donald Trump. Esta nueva administración priorizará una agenda estrechamente ligada a Estados Unidos, lo que podría tensionar los vínculos actuales con China, mientras el país busca soluciones urgentes para enfrentar los niveles de pobreza y violencia que afectan a la nación.

El ascenso del exalcalde y empresario de la construcción, de 67 años y raíces palestinas, ocurre tras una contienda electoral marcada por denuncias de fraude de la oposición y la presión de Trump, quien advirtió con recortar la ayuda financiera si su aliado no resultaba vencedor. Con este relevo, Honduras se suma a la reciente ola de victorias de la derecha en la región, visto ya en Chile, Bolivia, Perú y Argentina, asegurando al mandatario republicano un socio clave en Centroamérica para abordar los desafíos de seguridad y migración en el istmo.

En el ámbito diplomático y económico, Asfura ya ha dado pasos firmes tras reunirse recientemente con el secretario de Estado, Marco Rubio, y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Estas gestiones buscan fortalecer una relación comercial vital, considerando que Estados Unidos es el destino del 60% de las exportaciones hondureñas.

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