La confirmación de dos casos del virus Nipah en el estado de Bengala Occidental, India, ha encendido las alarmas sanitarias en el continente asiático, impulsando a varios países a blindar sus fronteras. Ante la alta letalidad de este patógeno emergente, diversas naciones han comenzado a implementar controles rigurosos en aeropuertos y puntos de entrada, retomando protocolos de vigilancia que fueron clave durante la pandemia de COVID-19. Aunque hasta el momento no se han reportado infecciones fuera del territorio indio, las autoridades regionales han optado por una estrategia de anticipación para contener cualquier posible expansión.

Por su parte, el Ministerio de Salud de la India emitió un comunicado de tranquilidad asegurando que el brote se encuentra bajo control. Según el organismo, todos los contactos estrechos de los pacientes infectados ya han sido identificados, rastreados y sometidos a exámenes médicos, manteniéndose todos ellos como asintomáticos hasta la fecha. «La situación está bajo vigilancia constante y se han adoptado todas las medidas de salud pública necesarias», afirmaron las autoridades indias, quienes recalcaron que el monitoreo sobre los grupos de riesgo es exhaustivo.
Pese a las garantías de la India, países como Tailandia han decidido extremar precauciones, activando protocolos de revisión en sus principales terminales aéreas de Bangkok y Phuket. Los viajeros procedentes de las zonas afectadas deben completar declaraciones de salud obligatorias y someterse a controles de temperatura corporal, así como a inspecciones visuales por parte del personal sanitario. Estas medidas buscan detectar precozmente cualquier síntoma compatible con la infección, especialmente en destinos con alta afluencia de turistas internacionales, para evitar una propagación a gran escala.





