En los Países Bajos, el paisaje urbano está experimentando una metamorfosis arquitectónica y social sin precedentes. Ante el descenso constante en la asistencia a los servicios religiosos, decenas de templos históricos han encontrado una segunda vida como gimnasios de alto rendimiento. Esta tendencia, impulsada por la necesidad de preservar edificios patrimoniales que de otro modo serían demolidos, permite que antiguas estructuras góticas y neoclásicas se mantengan en pie, transformando el silencio solemne de las naves en espacios vibrantes dedicados al bienestar físico y la salud comunitaria.

La experiencia de los usuarios en estos centros se describe a menudo como «mágica» y profundamente motivadora. Entrenar bajo techos abovedados de gran altura y frente a vitrales centenarios que filtran la luz natural crea una atmósfera mística que los gimnasios convencionales de hormigón y luces LED no pueden replicar. Esta fusión entre la historia europea y la cultura del fitness moderno ofrece un entorno donde el esfuerzo físico se entrelaza con la majestuosidad estética, convirtiendo cada sesión de pesas o CrossFit en un acto de disciplina rodeado de arte sacro.

Según datos de la Agencia de Patrimonio Cultural de los Países Bajos (Rijksdienst voor het Cultureel Erfgoed), cientos de iglesias cierran sus puertas cada década, lo que ha convertido a la «reutilización adaptativa» en una política de estado.

Tendencias