Alejandra Cedeño, conocida en el mundo artístico como «Ale Yellow», es el vivo ejemplo de cómo los trazos de la infancia pueden esculpir un futuro brillante. Lo que comenzó en Carúpano como un juego entre resmas de papel, se transformó en una sólida carrera profesional en Valencia, donde ha logrado fusionar el diseño gráfico con la escultura tridimensional. Con una técnica que prefiere resaltar la belleza y el «punto focal» de las personas en lugar de exagerar sus rasgos, Alejandra ha perfeccionado el arte del retrato en vivo, logrando capturar la esencia humana en apenas ocho minutos. Su historia demuestra que la pasión, cuando se cultiva con disciplina y formación, tiene el poder de convertir un simple pasatiempo en una forma de vida que conecta con las emociones de los demás.

En una era dominada por algoritmos e inteligencia artificial, la propuesta de @aleyellow es un manifiesto a favor de lo auténtico y lo hecho a mano. Para ella, el arte es cíclico y el ser humano siempre volverá a añorar aquello que posee la calidez del toque personal, algo que ninguna aplicación puede replicar. Bajo el vibrante color amarillo que define su marca un símbolo de vida y fuerza que la acompaña desde niña, Alejandra dedica semanas de modelado minucioso a cada una de sus piezas, rechazando el uso de tecnologías como la impresión 3D. Su filosofía invita a ver la tecnología no como una amenaza, sino como un impulso para fortalecer el sello humano, recordándonos que la sensibilidad del artista sigue siendo un refugio irreemplazable.
Más allá de los talleres y las galerías, Alejandra ha decidido llevar su visión a las calles para sanar las heridas del paisaje urbano. A través de intervenciones donde transforma grietas en el asfalto en espacios para el arte, como su reciente y viral orquídea esculpida, busca motivar a los ciudadanos a mirar su entorno con nuevos ojos. Con sus proyectos de enseñanza online y sus futuras intervenciones en Valencia, esta joven artista no solo busca embellecer una ciudad, sino inspirar a toda una generación a creer en el poder transformador de la creatividad. Para Alejandra, cada rincón descuidado es una oportunidad para sembrar belleza y cada rostro, una historia que merece ser exaltada con luz propia.





