Dormir sin ropa ha dejado de ser una simple preferencia de comodidad para convertirse en una recomendación respaldada por la ciencia metabólica. Según investigaciones publicadas en la revista Diabetes, descansar en ambientes frescos o sin prendas ayuda al cuerpo a producir mayores niveles de grasa parda (tejido adiposo marrón), un tipo de grasa «buena» que quema calorías para generar calor corporal. Este proceso no solo ayuda a regular la temperatura durante la noche, sino que acelera el metabolismo basal, mejorando la respuesta a la insulina y reduciendo el riesgo de enfermedades metabólicas a largo plazo.

Más allá del control de peso, la regulación térmica es clave para la salud reproductiva y la prevención de infecciones. Estudios del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano (NICHD) de Estados Unidos sugieren que, en los hombres, dormir desnudo mantiene la temperatura escrotal óptima, lo que favorece la calidad y movilidad del esperma. Por otro lado, especialistas en ginecología señalan que la ausencia de ropa interior permite una mejor ventilación de la zona íntima femenina, reduciendo la acumulación de humedad y calor, factores principales en la proliferación de hongos como la Candida albicans.

Finalmente, este hábito impacta directamente en la arquitectura del sueño al facilitar el descenso natural de la temperatura central del cuerpo, un requisito biológico para entrar en las fases de sueño profundo. De acuerdo con la National Sleep Foundation, un cuerpo más fresco produce niveles más equilibrados de melatonina y hormona del crecimiento, lo que se traduce en un descanso más reparador y una piel más saludable. En un mundo donde el estrés y el insomnio son prevalentes, prescindir del pijama surge como una estrategia sencilla, gratuita y efectiva para potenciar el bienestar general.

Tendencias