En el corazón de Pacaraima, la frontera entre Brasil y Venezuela se ha transformado en un escenario de nuevas oportunidades gracias a la labor de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el espíritu inquebrantable de quienes buscan un nuevo comienzo. A través de centros de integración socioeconómica, la región no solo ofrece refugio, sino un terreno fértil para que los sueños vuelvan a florecer. Este esfuerzo conjunto demuestra que, más allá de los desafíos, la migración es una poderosa fuerza de enriquecimiento mutuo que fortalece la economía local y crea lazos indestructibles entre comunidades hermanas.

Un ejemplo brillante de esta resiliencia es Romeu, un chef venezolano que ha cautivado a la comunidad con su «Restaurante Rústico». Lo que comenzó como un modesto servicio de entregas en bicicleta se ha convertido hoy en un punto de encuentro donde brasileños y venezolanos comparten mucho más que una mesa. Con una trayectoria que inició como camarero y se perfeccionó en las cocinas de la Isla de Margarita, Romeu ha logrado que sus vecinos en Brasil se sientan «como en casa», demostrando que la pasión y el trabajo duro son el lenguaje universal del éxito.

La magia de este emprendimiento reside en su capacidad para fusionar tradiciones: hoy, Romeu no solo sirve sabores de su tierra, sino que ha abrazado la cultura brasileña convirtiéndose en un experto de platos típicos como la canjica y el curau. Su historia es un recordatorio inspirador de que, aunque dejarlo todo atrás es difícil, la gratitud y la integración pueden transformar la nostalgia en una receta compartida de prosperidad. Al contratar profesionales locales y participar en festividades tradicionales, Romeu nos enseña que el futuro sabe mejor cuando se construye juntos.

Tendencias