En un giro inesperado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó este 27 de febrero que su administración mantiene negociaciones directas con las autoridades de Cuba. Durante un encuentro con la prensa a las afueras de la Casa Blanca, el mandatario sugirió que estas conversaciones podrían derivar en lo que calificó como una “toma amistosa y controlada” de la isla.

“El Gobierno cubano está hablando con nosotros. Están en grandes problemas, no tienen dinero, no tienen nada, pero están hablando con nosotros ahora”, afirmó Trump con su característico estilo directo. El presidente enfatizó la precariedad económica que atraviesa el régimen de La Habana, asegurando que la situación actual es crítica. “Quizás tengamos una toma amistosa de Cuba. Podríamos muy bien terminar teniendo una toma amistosa”, reiteró, subrayando que un acuerdo de este tipo sería “muy positivo” para la numerosa comunidad cubana residente en Estados Unidos.
Este anuncio se produce apenas un día después de que trascendiera un movimiento clave en los pasillos de la diplomacia regional. En el marco de la reciente cumbre de la Comunidad del Caribe (CARICOM), el equipo del secretario de Estado, Marco Rubio, sostuvo una reunión de alto nivel con el nieto del exdictador Raúl Castro. Según las fuentes, el eje central del encuentro fue el posible alivio de las sanciones económicas impuestas por Washington, a cambio de concesiones que permitan viabilizar la transición o el control sugerido por Trump.
Para Trump, este acercamiento representa el cierre de un ciclo histórico. “He venido escuchando hablar de Cuba desde que era pequeño. Después de muchos, muchos años de lidiar con ellos, ahora están en serios problemas”, comentó. La retórica de una “toma amistosa” plantea interrogantes sobre los términos de soberanía y gobernanza que se están discutiendo, mientras la isla enfrenta una crisis humanitaria y financiera sin precedentes.





