La tensión en el golfo Pérsico alcanzó un punto crítico este lunes tras el ataque directo de Irán contra la infraestructura energética de Arabia Saudí. Drones Shahed-136 impactaron la refinería de Ras Tanura, propiedad del gigante estatal Aramco, lo que obligó al cierre preventivo de esta planta estratégica capaz de procesar 550,000 barriles diarios. Esta ofensiva representa una drástica respuesta de Teherán tras los recientes bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel que resultaron en la muerte del líder supremo Ali Jamenei.

El secretario del Consejo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Larijani, advirtió que la región ha sido arrastrada a una «guerra innecesaria» por las políticas de Donald Trump, señalando que Washington debe temer legítimamente por nuevas bajas estadounidenses. Además de los ataques a la infraestructura petrolera, Teherán anunció una nueva oleada de misiles y drones que incluyó como objetivo la embajada de EE. UU. en Kuwait. Esta expansión del conflicto amenaza con desestabilizar no solo el mercado energético global, sino la seguridad de todos los aliados occidentales en la zona.

Por su parte, el gobierno saudí condenó enérgicamente los hechos, calificándolos como una grave violación a su soberanía y a la seguridad regional. Tras convocar al embajador iraní, el Ministerio de Exteriores de Arabia Saudí reafirmó su solidaridad con otros Estados del Golfo y declaró estar preparado para poner todas sus capacidades militares al servicio de la defensa colectiva. Con esta postura, el Reino deja abierta la puerta a una respuesta bélica contundente si las hostilidades continúan intensificándose en los próximos días.

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