La detenida ha declarado al comparecer ante el juez que caminó con la niña hasta el paseo marítimo de San Cristóbal, se adentró en la costa y «sintió un impulso que la llevó a coger a la menor por la cara y tumbarla boca arriba en uno de los charcos (que forman las mareas), donde el agua le cubría por debajo de las rodillas».

La mujer no supo explicar al juez cuánto tiempo mantuvo así a la bebé en la orilla del mar, solo dijo que fue «un rato» y que, mientras la sujetaba en el agua, veía que abría y cerraba los ojos».

La Policía sospecha que ahogó a la niña en ese lugar. De hecho, ha encontrado pruebas directas de que estuvo en esos charcos de las rocas del paseo marítimo de San Cristóbal con la pequeña: allí encontró las zapatilla que le faltaban a la detenida cuando los vecinos del barrio la vieron caminando sin rumbo mojada y descalza.

Además, tanto los primeros agentes que llegaron al lugar como los vecinos que intentaron reanimar a la bebé, comprobaron que la pequeña estaba empapada y que tenía espuma en la boca.

Su expareja y padre de la víctima, que también reside en Canarias, ha contado al juez que hace semanas que la imputada se comportaba de forma «incoherente» y aseguraba que «escuchaba voces y veía sombras».

También ha detallado que el mismo día de los hechos, el miércoles 4 de marzo, pero de madrugada, le envió por Whatsapp varios mensajes que le preocuparon, porque le parecían «paranoides».

Sin embargo, el juez detalla en su auto que los exámenes médicos que se le han hecho hasta el momento no han detectado que padezca problemas psiquiátricos o físicos a los que se pueda atribuir su comportamiento, ni tampoco que estuviera en ese momento drogada.

El auto deja constancia de que, cuando ya estaba detenida, la mujer llamó al padre de la bebé y le dijo: «La niña se me cayó al agua». Sin embargo, esa llamada fue anterior a que la detenida contara al instructor del caso que metió a su hija en los charcos del mar.

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