Hoy, 20 de marzo, el planeta experimenta el equinoccio, un evento astronómico clave en el que el Sol se alinea directamente con el ecuador terrestre. Este fenómeno marca un punto de inflexión climático global de gran relevancia: mientras el hemisferio norte le da la bienvenida a la primavera, en regiones como Argentina el verano llega a su fin para dar paso oficial al inicio del otoño.

Durante esta jornada, la luz solar se distribuye de manera equitativa entre ambos hemisferios, debido a que la inclinación de la Tierra se mantiene neutral respecto al Sol. Aunque popularmente se cree que el día y la noche alcanzan una duración idéntica de 12 horas, la refracción de la atmósfera terrestre y los métodos de medición de los ocasos generan pequeñas variaciones de minutos que rompen la simetría perfecta.
Este suceso, que ocurre solo dos veces al año, ha sido observado y estudiado por diversas culturas durante siglos como un poderoso símbolo de transición y renovación. Más allá de los datos técnicos, el equinoccio representa el recordatorio anual de la danza cíclica de nuestro planeta, marcando el comienzo de una nueva etapa estacional para toda la humanidad.





