Hay hombres que sueñan dormidos y hay hombres que sueñan despiertos para cambiar la realidad de todo un país. Alexis Montilla, el eterno soñador de las cumbres merideñas, ha emprendido su último viaje, dejando tras de sí un legado que es, en esencia, la radiografía del alma venezolana.
Mérida lo despidió como él mismo lo hubiese diseñado: con una puesta en escena conmovedora. Las calles se llenaron de gente, de flores lanzadas al aire y de un aplauso cerrado que retumbó en las montañas. Fue un adiós memorable para quien dedicó su vida a fabricar recuerdos para los demás.

De la humildad a la gloria turística
La historia de Don Alexis es la prueba de que el origen no define el destino, sino la voluntad. Viniendo de las raíces más humildes, logró lo que pocos: traer los sueños a la tierra y materializarlos. Fue un arquitecto empírico, un diseñador de emociones que no necesitó títulos académicos para levantar pueblos enteros desde la nada.
Su legado vive en cada rincón de sus creaciones:

  • Los Aleros: Donde el tiempo se detuvo para mostrarnos la ternura de los pueblos andinos.
  • La Venezuela de Antier: Un recorrido histórico que nos reconcilia con nuestra identidad.
  • La Montaña de los Sueños: El tributo a la imaginación y a la era dorada de las artes.

  • Una energía que trascendió fronteras
    Quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo y entrevistarlo —como aquel día inolvidable en el Hotel Maremares de Lechería, cuando recibió el Premio Nacional de Turismo en la FITVEN— pudimos sentir una energía impresionante. Alexis no era un empresario convencional; era un hombre conectado con su propósito, alguien que, a pesar de los premios y reconocimientos, nunca perdió la sencillez de aquel niño que soñaba entre las neblinas de su Chachopo natal.

Su paso por Anzoátegui dejó una huella de inspiración en quienes lo escuchamos hablar de su país con una pasión que contagiaba. No se quedaba en las nubes; él sabía que para que un sueño sea eterno, hay que ponerle manos, sudor y mucho amor.

El aplauso final
Ver su féretro pasar entre una multitud que le agradecía con lágrimas y sonrisas fue ver su última gran obra. Alexis logró trascender. Nos enseñó que Venezuela es, efectivamente, una Tierra de Gracia si se mira con los ojos del creador.
«Gracias, Don Alexis, por enseñarnos que los sueños se cumplen si se tiene la valentía de despertarse a trabajarlos. Gracias por hacernos imaginar, por hacernos reír y por recordarnos que lo ‘afirmativo venezolano’ es nuestra mayor riqueza.»
Que Dios te reciba en su gloria, entre las montañas más altas y los aleros más cálidos. ¡Buen viaje, Soñador!

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