Las autoridades del aeropuerto de Colombo, en Sri Lanka, se llevaron una sorpresa mayúscula el pasado sábado al interceptar un cargamento de 110 kilogramos de marihuana oculto en el equipaje de 22 monjes budistas. Los religiosos, que aterrizaban procedentes de Tailandia, transportaban cada uno cinco kilos de la variante «Kush», una cepa de cannabis de alta potencia, estratégicamente escondidos en compartimentos de doble fondo o «paredes falsas» dentro de sus maletas.

El grupo de viajeros estaba compuesto en su mayoría por monjes estudiantes que regresaban de unas vacaciones de cuatro días, financiadas por un patrocinador no identificado. Tras el hallazgo inicial, la policía detuvo a un vigésimo tercer monje en un suburbio de la capital; se cree que este individuo fue el organizador del viaje y quien entregó los paquetes a sus compañeros bajo la premisa de que se trataba de «donaciones» que serían recogidas por una camioneta al llegar a su destino.
A pesar de la gravedad del delito y la sofisticación del escondite, la policía local declaró al servicio cingalés de la BBC que existe la fuerte posibilidad de que los jóvenes monjes desconocieran por completo el contenido real de sus pertenencias. Mientras las investigaciones continúan para dar con el financista del viaje, el caso ha generado un gran impacto en la opinión pública debido a la naturaleza de los involucrados y la inusual logística empleada para el tráfico de sustancias.






