«José Gregorio me curó y libró de la muerte»

“Mi fe en José Gregorio es inquebrantable”, sostiene
Florencia López quien tiene 72 años y hace 42, tuvo la bendición de recibir los favores del Dr. José Gregorio Hernández quien asegura, le hizo el milagro de curarla cuando tras una cirugía en la que le hicieron una histerectomía, contrajo una infección que la tuvo en muy delicado estado de salud y que los médicos tratantes no sabían explicar.


Cuenta Florencia que al cuarto día de la operación realizada en el Hospital Dr. Luis Razetti de Barcelona, comenzaron malestares, con dolores, una fiebre muy alta y un olor putrefacto que salía de su cuerpo. Al séptimo día ya desesperada, pero a su vez aferrada a su fe, en medio del llanto con la estampita del médico de los pobres en las manos, le pide que la cure de lo que estaba padeciendo.


En medio de esto, escucha que alguien toca la ventana de la habitación y con miedo como pudo, se levantó para asomarse y al mirar hacia abajo: “Yo vi al Dr. José Gregorio con su sombrero, camisa blanca, pantalón negro y un bolso. Me bendijo y me decía adiós, mientras lo veía como se elevaba entre las nubes. Llamé a una señora que acompañaba a la paciente de al lado para que viera también, pero ella no pudo observar nada y me dijo que ese mensaje era para mí”.


Al día siguiente cuando amanecía Florencia, estando en la cama sintió que la agarraban por una pierna y el brazo para voltearla, con ese movimiento sintió que expulsaba de su zona íntima algo áspero. Se trataba de una gasa que le había quedado dentro de organismo, en medio de la operación.


Fue asistida por el personal médico y al terminar de salir el cuerpo extraño, su recuperación fue inmediata.
“Ese fue el segundo milagro que me hizo José Gregorio, el otro también fue en una operación, por eso mi fe en él es inquebrantable y desde la primera vez que pisé su tumba en el Cementerio General del Sur en Caracas, sabía que era santo”.


Florencia en más de una oportunidad ha acudido a la ciudad capital del país para agradecer y dejar el testimonio de su milagro, por ello hace unos 11 años llevó una carta narrando su experiencia ante las autoridades eclesiásticas que llevaban el caso del venerable, para lograr lo que hoy ya es una realidad: la beatificación del siervo de Dios.

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