Milagro en Cumaná, «José Gregorio salvó a mi hijo recién nacido»

Era el mes de julio hace 36 años atrás, cuando Yolanda Vásquez una margariteña que visitaba Cumaná caminaba apresurada junto a su cuñada, en busca de una clínica para que atendieran a su hijo Cristian recién nacido, quien casi daba sus últimos respiros, pues se encontraba muy delicado de salud al haber venido al mundo, con una bacteria que le impedía retener el alimento que ingería.

Las mujeres repentinamente vieron que en un edificio en construcción, había una especie de consultorio médico al que entraron desesperadas, para que alguien tratara urgente al bebé. En el lugar -relata Yolanda- había una cama vieja, una mesa y una silla, también un doctor alto, vestido de blanco, con un sombrero al que no le detalló el rostro.

“Él doctor no tocó a mi hijo, sino que yo le dije Dr. Mi hijo se está muriendo. Él me dijo no te preocupes, no te preocupes: ¿Qué tiene? Todo lo que come lo hace pupú de una vez, baja de peso, no aumenta nada.

Los médicos lo habían desahuciado al nacer, hoy tiene 36 años

Me dijo: Salga ahorita y entre a la primera farmacia que se va a encontrar y compra Pepsigenol  y un sobre de Liolactil. ¿Tiene tetero con agua? Le respondí que sí y agregó que entonces mezclara allí el tratamiento. Que si el Pepsigenol era para niños le echara 20 gotas, pero si era de adultos, una cucharada pequeña”.

La madre y tía con el bebé salieron del lugar y al caminar en una esquina cerca a una plaza encontraron una farmacia, con un señor muy atento que les dio los medicamentos, allí mismo lo prepararon en el tetero y comenzaron a dárselo al pequeño.

Vásquez comenta que siguió dando el medicamento a su niño cada ocho horas. Al día siguiente pararon las evacuaciones y una semana después Cristian ya estaba mucho mejor.

Ella comenta que el infante nació pesando 3 kilos 500 gramos y con la enfermedad había quedado en medio kilo de peso. Los médicos se lo dieron para que muriera en la casa, pero ella insistía llevándolo a otros especialistas,  que le daban la misma respuesta.

Yolanda quiso dar gracias al doctor que curó a su hijo y llevarlo para que lo viera nuevamente, pero al llegar al edificio en construcción, se llevó una sorpresa increíble: no había ningún consultorio. Preguntó a los obreros qué había ocurrido con el consultorio, le dijeron que allí nunca había funcionado ningún consultorio: “Usted está loca señora”. Aún en shock, caminó la devota en busca de la farmacia y en su lugar encontró una venta de pollos.

“En mi mente siempre he pensado que este fue un milagro de José Gregorio, que le salvó la vida a mi hijo, porque toda la vida he creído en él y porque para mi madre él siempre fue su médico de cabecera”.

 

 

    

 

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