Muchas personas piensan que sólo con aprender un segundo idioma ya es beneficioso para la salud de nuestro cerebro, y prevenir o retrasar problemas cognitivos como el Alzheimer. Pero esto no es así. Hay que practicarlo, y cuanto más mejor, a la hora de reforzar nuestra salud cerebral, para así prevenir problemas futuros.

«El gran beneficio no es sólo el aprenderlo, sino el practicarlo durante años y décadas de forma continuada. Si sólo uno aprende un idioma y jamás lo practica, es como si hago mucho deporte un año y después nunca más. Este beneficio conseguido irá en declive conforme pase el tiempo», según advierte en una entrevista con Europa Press Infosalus el neuroconsultor Álvaro Fernández Ibáñez, CEO de la consultoría SharpBrains, al tiempo que destaca que «todavía es más beneficioso aún el aprender y practicar un tercer idioma», subraya.
¿Y por qué?, le preguntamos a este experto en la industria del cuidado cerebral. Señala que porque aprender un idioma implica una actividad que es novedosa para nosotros, no es algo que solamos realizar, y también supone para nosotros un desafío, no es fácil aprenderlo. «De manera que aprender y practicar un idioma nuevo conlleva un ejercicio cognitivo constante», apunta.
A juicio de este bilbaino, lo interesante es que el bilingüisno practicado «entrena una parte concreta del cerebro», que es la corteza prefrontal, y tal y como recuerda, «la parte del cerebro que se desarrolla más tarde en nuestra vida», hasta los 25 años de edad aproximadamente.
«Pero es que también en la corteza prefrontal es en la primera parte del cerebro donde primero empieza el declive cognitivo, en torno a los 50-60 años, aunque todo depende de lo que hayamos hecho con nuestra vida», afirma.
Con información de El Tiempo







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