Cientos de personas ataviadas con sus características vestimentas rojas y coloridas máscaras tomaron este jueves 4 de junio las calles para rendir honores al Santísimo Sacramento, en la tradicional celebración católica de Corpus Christi. A través de la emblemática procesión de los Diablos Danzantes de Yare, una de las manifestaciones culturales e inmateriales más importantes de Venezuela, los fieles escenificaron el ancestral triunfo del bien sobre el mal, en una jornada religiosa donde también se hizo evidente el impacto de la migración que atraviesa el país.

Durante la festividad, que inició desde tempranas horas bajo un sol inclemente en la localidad de San Francisco de Yare, a unos 75 kilómetros de Caracas, los llamados «promeseros» recorrieron aproximadamente 500 metros haciendo sonar sus maracas al compás de un único tambor. Esta tradición, que acumula 277 años de historia, constituye una ofrenda de fe y agradecimiento por parte de los creyentes hacia la hostia consagrada, a quien le atribuyen diversos favores concedidos a lo largo de sus vidas.

La profunda devoción que impulsa esta movilización religiosa se refleja en testimonios como el de Aldrin Antequera, «primer cajero» oficial de la cofradía y encargado de tocar el tambor durante la procesión. Antequera, de 57 años, cumple medio siglo ininterrumpido como promesero; un compromiso que pasó de generación en generación y que inició a los seis años de edad, luego de que su madre ofreciera una promesa al Santísimo Sacramento por su satisfactoria recuperación tras una operación de apendicitis.

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