Manuel, un caraqueño que decidió dejar la estabilidad corporativa, y su esposa estadounidense Clare, fundaron hace casi un año Catira, un restaurante en Denver, Colorado, que nació con el propósito de transformar la conversación global sobre Venezuela. Inspirados por un viaje al país caribeño en la primavera de 2024, la pareja apostó todo para mostrar una realidad distinta a la de las noticias de migración y política. Su objetivo principal ha sido contar la historia de una nación rica en paisajes, música y una gastronomía vibrante, utilizando la cocina como un puente cultural directo al corazón de su comunidad.

El nombre del local, Catira, hace referencia a la jerga venezolana utilizada para describir a una «chica rubia», un guiño afectuoso a la historia de amor de sus fundadores y a la fusión de sus culturas. Lo que comenzó como un sueño compartido se ha convertido en un próspero proyecto impulsado por un equipo de cocina 100% venezolano y un personal de servicio que lleva la hospitalidad caribeña a cada mesa. A través de platos tradicionales preparados con esmero, como arepas, cachapas, empanadas y tequeños, el restaurante ha logrado recrear la magia y los colores de Venezuela en el oeste de los Estados Unidos.
Hoy en día, el impacto de Catira es evidente: el 90% de sus clientes son estadounidenses que entran al local sin saber nada de Venezuela y se marchan cautivados por sus sabores tradicionales. Para Manuel y Clare, el éxito de este primer año reafirma una valiosa lección de vida: a veces el verdadero coraje no consiste en luchar contra lo que está mal, sino en tener la audacia de crear algo que muestre todo lo que está bien.





