Jesús Gabriel, un niño de 11 años de la comunidad de Mare Abajo, compartió su conmovedor testimonio sobre el doble terremoto del 24 de junio. Con una chispa e inocencia que logran encender una luz de esperanza en los momentos más oscuros, el pequeño abrió su corazón ante las cámaras para narrar la tragedia desde una perspectiva única y madura, demostrando que los niños tienen una forma muy particular de procesar y relatar las adversidades.

El menor recordó cómo la alerta sísmica retumbó en los teléfonos móviles, indicando que a los 30 segundos comenzó el fuerte movimiento telúrico. Describió el estremecedor ruido del sismo como un «monstruo que estaba fuerte», admitiendo con gran sinceridad que se asustó mucho y pensó que «ya se iba a acabar el mundo». Frente al pánico y la incertidumbre, su mayor refugio fue el calor familiar, ya que su madre, hermana, abuela y tía se unieron en un abrazo para protegerlo de la emergencia.
El impacto visual y emocional ha dejado huellas profundas en el niño, quien confesó ver a La Guaira «como perdida» por los edificios colapsados y las personas que quedaron tapiadas en zonas como Caribe y Playa Grande.
Aunque admitió haber llorado por su país y por quienes fallecieron, este pequeño sueña con ser presidente de Venezuela para mejorar su entorno.





