Los atentados del 11 de septiembre de 2001, orquestados por Al Qaeda contra el World Trade Center y el Pentágono, marcaron el suceso más determinante de principios de siglo al quebrar el aura de invencibilidad de Estados Unidos. Estos ataques sin precedentes, que superaron el simbolismo de Pearl Harbor, dejaron un saldo directo de 2.977 víctimas mortales de 103 países. Sin embargo, el trágico evento continuó cobrando vidas en las décadas posteriores, sumando alrededor de 4.600 muertes adicionales por complicaciones médicas, físicas y mentales derivadas de los ataques, de acuerdo con estimaciones de los Centros de Control de Enfermedades.

La respuesta de Washington al atentado terrorista más mortífero de la historia desencadenó la llamada «guerra contra el terrorismo» del presidente George W. Bush. Esta campaña comenzó con la invasión de Afganistán para desmantelar al régimen talibán y continuó en 2003 con la ocupación de Irak bajo el argumento infundado de la existencia de armas de destrucción masiva. No obstante, el masivo respaldo internacional que Estados Unidos recibió inicialmente se desmoronó tras revelarse los escándalos de tortura a prisioneros en las cárceles de Abu Ghraib y Guantánamo, evidenciando una flagrante contradicción con los preceptos del derecho internacional.

Hoy, a un cuarto de siglo de la tragedia, las secuelas de aquellas ofensivas militares han evidenciado la incapacidad estadounidense para alcanzar sus objetivos estratégicos, derivando en el surgimiento del Estado Islámico y el retorno de los talibanes al poder afgano en 2021.

Para honrar a las 2.977 víctimas y a los rescatistas, hoy se realizan ceremonias en el Pentágono, Pensilvania y Nueva York, donde destacan la tradicional lectura de nombres y los simbólicos haces de luz. Como novedad para este aniversario, el alcalde Zohran Kwame Mamdani declaró la fecha como Día de Conmemoración y Servicio, promoviendo actividades para preservar la memoria de una tragedia que cambió el mundo para siempre.

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