El doble terremoto que sacudió al país dejó un saldo de 190 edificios colapsados y cientos de estructuras afectadas, lo que ha generado una crisis adicional por la acumulación de 2,1 millones de toneladas de escombros. Esta alarmante cifra, confirmada por el gobierno nacional, ha despertado una profunda preocupación entre la ciudadanía respecto a cuál será el tratamiento y el destino final de todos estos materiales que hoy ocupan las zonas de desastre.

Ante este panorama, el geógrafo Antonio De Lisio advirtió que la remoción de esta magnitud de ruinas representa un desafío logístico mayúsculo para la nación. Durante una entrevista concedida al periodista Román Lozinski, el especialista estimó que se requerirá una inversión inicial de al menos 5 millones de dólares para llevar a cabo estas labores de limpieza, e hizo un llamado a que toda la gestión se ejecute de manera rigurosa y bajo los protocolos internacionales establecidos para este tipo de emergencias.

Para abordar la situación de manera eficiente y segura, De Lisio explicó que se debe aplicar un plan técnico que priorice la clasificación de los materiales directamente en su sitio de origen. «Se está clasificando entre los materiales que pueden ser reutilizados, piedras, asfalto, cemento y los polímeros en su distinta naturaleza, además de los desechos peligrosos que requieren un tratamiento especial», detalló el experto, subrayando la importancia de separar lo aprovechable de aquellos residuos que suponen un riesgo.

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