Nueva York fue uno de los grandes epicentros de la epidemia de VIH-sida en los años 80. En medio del miedo, el estigma y la muerte, miles de personas perdieron la vida cuando recibir un diagnóstico era considerado prácticamente una sentencia de muerte.

Cuatro décadas después, el panorama ha cambiado radicalmente. El desarrollo de los medicamentos antirretrovirales convirtió al VIH en una condición crónica y controlable para quienes tienen acceso constante al tratamiento. Las personas pueden alcanzar una vida larga y saludable, y quienes mantienen una carga viral indetectable no transmiten el virus por vía sexual.

Este avance abrió una conversación que antes parecía imposible: ¿cómo envejecen quienes han vivido durante décadas con el VIH?

Una de las voces pioneras en impulsar esta discusión desde Nueva York es la de un venezolano: Luis Nava.

El activista fue diagnosticado con VIH en Caracas hace décadas y atravesó momentos devastadores. Su salud llegó a deteriorarse gravemente hasta desarrollar un cuadro de sida. Pero sobrevivió. Y convirtió esa experiencia en una causa de vida.

Hoy, como activista de la Comisión Latina sobre el Sida, trabaja para visibilizar los desafíos que enfrenta la primera generación de adultos mayores sobrevivientes del VIH: enfermedades asociadas con la edad, efectos acumulados de los tratamientos, salud mental, soledad, discriminación y acceso a servicios médicos culturalmente adecuados.

La dimensión del desafío crece rápidamente. En Estados Unidos, más de la mitad de las personas con un diagnóstico de VIH ya tiene 50 años o más, y algunas proyecciones estiman que esa proporción podría acercarse al 70% para 2030.

Gracias a la iniciativa de Nava, la ciudad de Nueva York reconoció el ‘Día de Visibilidad de los Adultos Mayores Hispanos con VIH-sida’, colocando en la agenda pública una realidad que durante demasiado tiempo permaneció invisible.

“Sobrevivir con calidad de vida a esta condición en países desarrollados forma parte de una decisión personal. Lamentablemente, en Venezuela el acceso a los medicamentos sigue siendo un desafío y esta conversación ni siquiera está planteada. Pero eso no significa que no tengamos centenares de personas sobreviviendo no solo al VIH, sino también a la discriminación”.

La historia de Luis Nava demuestra que la diáspora venezolana no solo migra: también abre caminos, transforma sistemas de salud y pone sobre la mesa preguntas que el mundo ya no puede seguir ignorando.

Texto y foto: @fermartinezm

Tendencias